La vida de Federico García Lorca estuvo marcada por la
violencia y la muerte, y esta omnipresencia queda reflejada en sus obras de
forma violenta (rayertas, peleas, asesinatos, suicidios…). En “Bodas de Sangre”
vemos la inminente fatalidad de su desenlace, lo que da lugar a este final
trágico, en el que Leonardo huye con la Novia. El Novio sale en busca de ellos y
se produce la muerte de los dos personajes masculinos.
El poder
El poder en “Bodas de sangre” lo vemos reflejado en la
sociedad patriarcal en la que viven los personajes, una sociedad marcada por la
voz del padre. Las mujeres (sobre todo las hijas) apenas tienen poder de
decisión.
Podemos ver cómo la Novia está condicionada totalmente a la
opinión de su padre y no puede, ni siquiera, elegir a su marido.
Nos encontramos, por lo tanto, ante una sociedad machista.
El poder del amor es el que desencadena prácticamente toda
la obra, un amor que lo vence todo y no teme ni a la propia muerte, que se
adueña del cuerpo y la razón de la pasión amorosa.
Novia: “Yo no quería.
¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el
brazo del otro me
arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me
hubiera arrastrado
siempre, siempre, siempre, siempre[…]”.
La violencia
En primer lugar, hay que tener en cuenta que esta obra de
Lorca está inspirada en el crimen de Níjar de 1928. Toma lugar en esa misma época en la Andalucía
rural.
A lo largo de la obra, podemos ver la violencia marcada por
el cuchillo o la navaja, que desencadenan en sangre. El propio título de la
obra refleja, en gran parte, esta violencia. A mi parecer los elementos que
componen el título forman una antítesis. El término “Boda” está cargado de
connotaciones puras, positivas, limpias; mientras que “Sangre” ya marca lo
contrario, el dolor, la suciedad, la impureza…
Ya al principio de la obra vemos cómo la Madre presiente que
una tragedia va a suceder muy pronto.
“Ha llegado otra vez
la hora de la sangre”
El cuchillo o la navaja, por lo tanto, marcan el hito
violento y crean un ambiente temerario en el espectador.

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