Cuando Don Álvaro se
encuentra agonizando tras la batalla en Italia, herido y casi a punto de morir,
de repente escucha las menciones de “Santiago” y “Calatrava” en boca de Don
Carlos, pero a la que teme especialmente es a la última. Al escuchar su nombre,
comienza a temblar, lo que produce una sospecha en Don Carlos que lleva a que
Don Álvaro le pida que coja de su bolsillo una llave y que abra la caja que se
encuentra en su maleta y que queme los papeles sin abrirlos cuando este muera.
“Don Álvaro: Es esa.
(Saca DON CARLOS la llave.)
Con ella abrid, yo os
lo ruego,
a solas y sin
testigos,
una caja que en el
centro
hallaréis de mi
maleta.
En ella, con sobre y
sello,
un legajo hay de
papeles;
custodiarlos con
esmero,
y al momento que yo
expire
los daréis, amigo, al
fuego”
Don Carlos, lleno de
sospecha e intriga, decide no hacer caso a lo que Don Álvaro le ha pedido y
registra sus pertenencias, por lo que encuentra en la caja una foto de Doña
Leonor, su hermana. En ese momento lo descubre todo y lo que desea es darle
muerte él mismo a Don Álvaro, como modo de venganza.
“¡Cielos!...No…, no
me engañé:
Esta es mi hermana
Leonor…
¿Para qué prueba
mayor?
Con la más clara
encontré”.
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