El espacio en el que se encuentra Don Álvaro cuando
hace este monólogo es Italia, Veletri y sus alrededores. Con este soliloquio lo
que pretende es transmitirnos la idea de que la percepción que tenga cada
persona de la vida depende de las circunstancias en las que haya nacido. Para
él, la vida es un sufrimiento y una carga, su vida se le hace eterna y no es
capaz de ver en ella nada positivo, mientras que la persona que haya nacido en
buenas condiciones, tendrá una vida plena llena de buenas experiencias, por lo
que vivirá una vida corta y fugaz. En resumidas cuentas, Don Álvaro lo que
pretende transmitir es que desde el momento en que nacemos, nuestro destino
está escrito y no podemos cambiarlo. Podemos ver su sentimiento de desventura
reflejado en estos versos, en los que se lamenta de haber nacido bajo tales
circunstancias:
“¡Qué carga tan insufrible
es el ambiente vital
para el mezquino mortal
que nace en sino terrible!”
En estos versos, también podemos ver la idea de que el
destino ya está escrito desde que nacemos y que, como ya he dicho al principio,
para la persona que nazca en buenas circunstancias la vida será gozosa:
“Parece sí, que a medida
que es más dura y más amarga,
más extiende, más alarga
el destino nuestra vida.
si nos está concedida
solo para padecer,
y debe muy breve ser
la del feliz, como en pena
de que su objeto no llena,
¡terrible cosa es nacer!”
Posteriormente, Don Álvaro hace una reflexión sobre su
pasado aludiendo a un solo día en el que se consideró dichoso:
“Si aquel día de placer
(que uno solo he disfrutado),
fortuna hubiese fijado,
¡cuán pronto muerte precoz
con su guadaña feroz
mi cuello hubiera segado!”
Y de la misma forma alude a la ciudad en la que lo fue
(Sevilla) y que tanto le atormenta en el presente, ya que fue donde vivió su
gran amor hacia Doña Leonor y cometió la tragedia de matar a su padre:
“¡¡Sevilla!! ¡¡Guadalquivir!!
¡Cuán atormentáis mi mente!...
¡Noche en que vi de repente
mis breves dichas huir!”

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